viernes, 27 de febrero de 2026

Y tú, ¿Qué haces?

 


¿DECIDES LO CORRECTO O LO CONVENIENTE?

Cuantas veces a la hora de tomar decisiones, de hacer un trabajo, de valorar lo que debemos hacer, dudamos y nos acomodamos más al qué dirán, a lo que pensarán los demás de mi persona, a las cosas que alegren el ego de los demás, a ser en realidad nosotros mismos.

Vamos con otra propiedad que debe cumplir toda decisión y cuyo conocimiento nos ayudará tomar decisiones eficaces.

A la hora de decidir hay que empezar considerando dónde está el bien, lo que es lo correcto, antes que estimar lo aceptable o quién está en lo cierto. La razón es que al final habrá que alcanzar un compromiso y si uno no conoce aquello que satisface las especificaciones y condicionantes, no es posible distinguir entre el compromiso adecuado y el equivocado.

En efecto hay dos tipos de compromisos. El primero caracterizado por la expresión “más vale pan y ensalada que no comer nada”. El segundo se corresponde con el juicio de Salomón y el reconocimiento de que quedarse con medio hijo es peor que renunciar a tenerlo. En el primer caso se cumplen los requisitos implícitos que condicionan la decisión (algo de comida, aunque sencilla, nos sostiene en la vida) mientras que en el segundo caso no (quedarse con medio niño es negarle la vida).

En el proceso de toma de decisiones, es inútil preocuparse por discernir aquello que sería más aceptable, lo que no herirá susceptibilidades, para tratar así de evitar enfrentamientos. Es una pérdida de tiempo: la mayoría de las cosas por las que nos preocupamos nunca acaban teniendo lugar; y aquello que desdeñábamos por insignificante de repente se vuelve un obstáculo infranqueable.

De modo que a la hora de decidir, por norma, hemos de tener siempre en cuenta lo importante, sin detenernos en considerar lo que parecería más admisible. O de otro modo nunca tomaremos una decisión eficaz y mucho menos, correcta.

Nadie dijo que dirigir fuera cómodo…

Actuar correctamente no significa hacer lo que nos conviene. Estamos presionados por las reglas sociales, las normas internas con las que hemos funcionado desde la infancia y los criterios morales que han presidido nuestra vida desde siempre. Nos cuesta mucho entrar en ellos. Nuestra infancia es un camino tortuoso entre la normativa que la sociedad nos reclama y el deseo de libertad y espontaneidad con el que nacemos. Y si parece que los primeros años de escolarización logran aminorar estas actitudes, la adolescencia se vuelve a presentar como un período indómito en el que de nuevo queremos afirmarnos contra el resto. Pero la entrada en las pautas, reglamentaciones, modos y maneras del grupo al que pertenecemos es imparable. Todo ello nos lleva a mantener una idea de “corrección” que, a veces, supera lo que a nosotros mismos nos interesa o nos conviene. Incluso también es cierto que lo que una época, grupo o estamento establece como norma solamente es válido en un momento histórico concreto porque estamos cansados de ver cómo todo cambia y lo que hoy es punible y criticable, mañana es absolutamente valioso y aceptado.

Lo que nos conviene, aquello que sentimos en el interior que es el camino de nuestra “corrección”, la norma que sale del corazón…es la que hay que seguir. La sabiduría es un estado de conciencia al que se llega a fuerza de amar el esfuerzo de vivir en coherencia con nosotros mismos. Hay que aplicar lo que uno aprende a través del dolor, fundamentalmente, porque se aprende mucho más con los errores y fracasos que con las alegrías y el bienestar. Hay que ser inteligentes para gestionar la vida propia. Hay que poner el corazón para poder vivirla con plenitud. Y a partir de ahí…poco importan las normas, de poco valen las críticas y de menos aún, los prejuicios. Si uno está bien consigo mismo, está seguro de no hacer daño intencionado a nadie y cree en aquello por lo que lucha podemos asegurar que no habrá barreras que no puedan superarse, ni caminos que no sean transitables, ni impedimentos que no se conviertan en objetivos conquistables. A partir de ahí, estaremos con el mejor defensor de nosotros mismos pero sobre todo, con la persona que más nos cuida y nos protege, la que tiene al final de su brazo, la mejor ayuda.

Hacer lo correcto no siempre es fácil ni conveniente, que hay que hacer entonces ante esta disyuntiva, pero haciendo lo correcto tiene el mayor impacto en los demás como nos dispusimos a vivir un ejemplo de nuestra fe en Dios.

Lo correcto y lo incorrecto forman una fuente común de disputa y lucha. Esto se relaciona muy de cerca con los actos hostiles y ocultaciones y con la secuencia del acto hostil-motivador.

El esfuerzo por tener razón es el último esfuerzo consciente de un individuo de su extinción. “Yo tengo razón y ellos están equivocados” es el concepto más bajo que puede formular una persona inconsciente.

Lo que es correcto y lo que es incorrecto no es necesariamente definible para todo el mundo. Esto varía de acuerdo a los códigos morales y disciplinas existentes, a pesar de que se les usaba como prueba de “cordura” en jurisprudencia, no se basaban en hechos, sólo en la opinión.

Un acto hostil no es sólo dañar a alguien o a algo: un acto hostil es un acto de omisión o comisión que hace el menor bien al menor número de personas o áreas de la vida, o el mayor daño al mayor número de personas o áreas de la vida. Esto incluiría la propia familia, el grupo o equipo propio y la humanidad como un todo.

Por lo tanto, una acción incorrecta lo es, al grado en que daña al mayor número. Una acción correcta lo es, al grado en que beneficia al mayor número.

Muchas personas piensan que una acción es un acto hostil sólo porque es destructiva. Para ellas, todas las acciones u omisiones destructivas son actos hostiles. Esto no es verdad. Para que un acto de comisión u omisión sea un acto hostil, debe dañar al mayor número de personas y áreas de la vida. Por lo tanto, no destruir algo podría ser un acto hostil. Ayudar a algo que dañara al mayor número, también puede ser un acto hostil.

Un acto hostil es algo que daña ampliamente. Un acto benéfico es algo que ayuda en general. Puede ser un acto benéfico dañar algo que pudiera ser dañino para muchas personas y áreas de la vida.

Dañar a todo o ayudar a todo pueden ser, de la misma manera, actos hostiles. Ayudar a ciertas cosas y dañar a otras, pueden ser por igual, actos benéficos.

La idea de no dañar nada y ayudar a todo es también bastante demente. Es cuestionable pensar que ayudar a los que esclavizan es una acción benéfica y es igualmente cuestionable considerar que la destrucción de una enfermedad es un acto hostil.

En lo relativo a tener razón o estar equivocado, pueden desarrollarse muchos pensamientos confusos. No hay bien absoluto ni mal absoluto. Tener razón no consiste en no estar dispuesto a dañar y estar equivocado no consiste sólo en no dañar.

Hay cierta irracionalidad en “tener razón” que no sólo descarta la validez de la prueba legal de la cordura, sino que también explica por qué algunas personas hacen cosas muy incorrectas e insisten en que están haciendo lo correcto.

La respuesta está en un impulso, innato en todos, de tratar de tener razón.

Esta es una insistencia que rápidamente se separa de la acción correcta y va acompañada de un esfuerzo por hacer que los demás estén equivocados, como vemos en las personas hipercríticas. Un ser que aparentemente está inconsciente, aún sigue teniendo razón y haciendo que los demás estén equivocados: es la última crítica.

Hemos visto a una “persona defensiva” explicar las equivocaciones más descaradas. Esto también es una “justificación”. La mayoría de las explicaciones de la conducta, no importa lo inverosímiles que sean, parecen perfectamente correctas a la persona que las da, ya que sólo está afirmando el hecho de que ella tiene razón y los demás están equivocados.

Parece ser que los científicos que son irracionales no pueden desarrollar muchas teorías. No lo hacen porque están más interesados en insistir en su propia extraña corrección, que en encontrar a la verdad. Así, tenemos extrañas “verdades científicas” de hombres que deberían tener mejores conocimientos. La verdad la construyen los que tienen la generosidad y el equilibrio de ver también dónde están equivocados.

Usted ha escuchado algunas disputas muy absurdas entre la multitud. Dese cuenta de que el orador estaba más interesado en afirmar su propia corrección, que en estar en lo correcto.

Un Tetuán (el ser espiritual, la persona misma) trata de tener razón y lucha contra estar equivocado. Lo hace sin tomar en cuenta si tiene razón en algo o hacer lo correcto en realidad. Es una insistencia que no tiene ninguna relación con lo correcto de la conducta.

Uno siempre intenta tener razón hasta el último suspiro.

¿Cómo llega uno entonces a equivocarse alguna vez?

Es de este modo:

Alguien realiza una acción incorrecta, accidentalmente o por descuido. Lo incorrecto de la acción o la inacción está entonces en conflicto con su necesidad de tener razón. Así que puede continuar y repetir la acción equivocada para probar que es correcta.

Este es un elemento fundamental de la aberración (pensamiento o conducta irracional). Todas las acciones incorrectas son el resultado de un error seguido de una insistencia de haber tenido razón. En vez de corregir el error (lo que implicaría estar equivocado), uno insiste en que el error era una acción correcta y por eso la repite.

Conforme un ser baja por la escala, es más y más difícil que admita haberse equivocado. Mejor dicho: el admitirlo, bien podría ser desastroso para lo que aún pudiera tener de capacidad y cordura.

El estar en lo correcto es el material de que está hecha la supervivencia. Esta es la trampa de la que, aparentemente, el hombre no ha sido capaz de liberarse a sí mismo: un acto hostil que se apila sobre otro, avivado con afirmaciones de estar en lo correcto. Por fortuna, existe un camino de salida seguro de esta telaraña.

Hacer lo correcto no es fácil. Si lo fuera, el mérito de hacerlo estaría más extendido y muchos desórdenes no tendrían lugar. Todos podemos y debemos hacer lo correcto, pero no todos estamos dispuestos a asumir las consecuencias que ello trae consigo.

Y es que hacer lo correcto, siguiendo los dictados de la conciencia, puede resultar antipático a mucha gente. Para quienes no desean corregir lo que está mal, e incluso para aquellos que objetan el bien por desconocimiento, lo que se hace en aras de corregir y limpiar puede parecer dañino, inoportuno o falso. Lo conveniente en estos casos, sin embargo, es fortalecer la postura del orden, aunque ello propicie especulaciones, tergiversaciones y hasta calumnias.

A veces, cuando se hace lo correcto, no queda más refugio ni más consuelo que la certeza de estar haciendo lo correcto. Azota el vendaval de la incomprensión, se desatan las olas del resentimiento, despliegan sus artes maléficos los intereses creados, y nada más que la conciencia limpia mantiene firmes las decisiones, porque queda, pese a todo, la íntima seguridad de estar cumpliendo con el deber.

Hacer lo correcto está siempre al alcance de todos. Sin importar dónde estemos o qué actividades desempeñemos, no habrá día que pase de largo sin habernos dado alguna oportunidad de hacer el bien. Y aprovechar esa oportunidad, cuando se presenta, es la forma en que agradecemos el don de la conciencia.

¡Qué duro es, para quien se sabe culpable, combatir las recriminaciones de la conciencia! Incluso si llegase a engañar a todos, presentándose como víctima, ¡qué fuerte resonarán en su cabeza esas verdades que no es capaz de admitir frente al mundo!

Por el contrario, la paz interior que experimenta quien está seguro de haber actuado con nobleza de intención no tiene cálculo ni precio. Duele verse sometido a la incomprensión, desde luego, pero se sabe que esa incomprensión nunca va a ser más dolorosa que experimentar las reprensiones morales de una conciencia en llamas.

Cuando se hace algo para mejorar las cosas o incluso sólo para que no empeoren, nada es tan valioso como la certeza de saberse limpio. Las lenguas viperinas no tardarán en tomar la palestra, pero jamás conseguirán que lo incorrecto deje de serlo.

“La paciencia todo lo alcanza”, solía decirse a sí misma la gran reformadora de las carmelitas, Teresa de Ávila, cuando se lanzaban contra ella las peores injurias y se manchaba su reputación con hirientes difamaciones. Y ser paciente significa hacer el esfuerzo supremo de comprender que todo cambio, por bueno que sea, genera resistencias. De mala fe o no, resistirse al cambio, al orden, a la ley, a la responsabilidad, hará que algunos profieran chismes y otros ataquen con vileza.

¿Qué puede hacerse entonces sino ejercitar la comprensión? ¿Qué se gana respondiendo con acusaciones a los acusadores?

Y como hacer lo correcto implica asumir riesgos, tampoco faltarán motivos para evitar complicaciones y dejar que las cosas sigan igual. Incluso habrá quien tentadoramente aconseje: “No te metas en líos. Nadie va a agradecerte por lo que estás haciendo”.

En esos momentos, sin embargo, es conveniente sobreponerse a la comodidad. Tal vez nadie lo agradezca y quizá la reputación sólo sea una parte de lo mucho que se arriesgue, pero el insobornable tribunal de la conciencia terminará dando su veredicto, y esa absolución vale más que todas las reputaciones y todos los agradecimientos humanos.

·       Analista.

jueves, 26 de febrero de 2026

Así la realidad nacional...

 


Decepcionado.
 

Hoy quiero aprovechar el espacio para hablar de acciones en general que nos toca vivir, ver y saber, en el entorno diario en el que vivimos y nos causan, entre muchas cosas, decepción. 

La principal de todas y la peor, es darse cuenta de lo malagradecidos que somos los mexicanos, principalmente, aquellos que más necesitan de los demás, esos, sin duda, son los peores. En la actualidad la frase de antaño que decían los abuelos ha quedado en desuso (los buenos somos más). 

La mayoría de esa gente, se acerca a quien le puede ayudar con empleo, con dinero, con cosas materiales, etc. y solo están ahí mientras obtienen beneficios, pero ya están observando a quien se le van a acercar una vez que su víctima actual deje de servirles. Suena fuerte, pero así es. El mexicano carece de agradecimiento, vaya, ni siquiera de lealtad, porque no solo se alejan de quien lo ayudó, poco o mucho, aunque para el malagradecido todo se les hace poco, sino que se dedican a dejar en mal a esas personas ingenuas que creyeron en su aparente bondad. 

Derivado del mal agradecimiento, vienen Las acciones estúpidas que nos afectan a todos, aunque se empeñen en decir que no es cierto. 

Una de ellas, es no respetar al peatón, cuando mueven automóviles, porque quien sabe manejar, respeta. No permitir que los autos estacionados se incorporen al arroyo vehicular, no respetar el 1X1, no respetar los semáforos, estacionarse en lugar prohibido, doble fila, aunque sea un segundo, que es la excusa idiota de los que lo hacen. Una persona con pocas neuronas sabe que un segundo es nada, por lo cual están mintiendo. 

Ahora que están queriendo eliminar las bolsas de plástico, mucha gente, trae colgadas al hombro enormes bolsas ecológicas, pero solo de adorno, porque de todas formas exigen plástico. Pretenden engañar a los demás, creyéndose protectoras del planeta. Hay mucha hipocresía en la gente. 

El mexicano es amante de las fiestas, reuniones y es muy frecuente que se les invite a un desayuno, a una comida o simple convivencia donde hay degustación de alimentos, eventos culturales gratuitos, etc., pero ni así asisten y lo que es peor, afirman categóricamente que acudirán y los anfitriones les creen y ya no invitan a otros porque temen que lleguen más de los presupuestados, quedándoles espacio y alimentos. Por otro lado, los que si asisten, pocos aprecian el gesto del anfitrión, la mayoría se va hablando pestes de la organización, de lo recibido, de la atención, es decir, regresamos al negativo agradecimiento que existe en el país. 

En lo relativo a los negocios, cuando estos son pequeños o que los dueños están presentes en los mismos, se acostumbran a pedir fiado, a quedar a deber una parte porque no les alcanza el dinero y les urge llevarse la mercancía, abusando del conocido, pero cuando tienen dinero, compran lo mismo en una tienda de capital ajeno al lugar donde viven, olvidándose, nuevamente, del agradecimiento, la lealtad y cómo se mueve la economía local. Generando estas acciones más pobreza. 

Esto y nada le interesa al malagradecido, ellos solo buscan un beneficio personal y nada los satisface. 

Como la mayoría de esta gente, no tiene muchos estudios ni preparación, son los que laboran en las empresas privadas, pero al no tener la capacidad de aprender lo que ahí se hace, pese a las innumerables oportunidades que se le dan, terminan siendo despedidos y como siempre se consideran las víctimas de los demás, se van hablando pestes de la empresa, del dueño, de los jefes, del horario, de la jornada, del salario, de todo. Ganándose así, un enemigo gratuito de por vida. 

Además de malagradecido, el mexicano es flojo, informal, desleal, ambicioso, no se informa de nada, no analiza las cosas, no le gusta estudiar, no le gusta que le den ordenes (pese a no saber hacer las cosas), es mecha corta (la mayoría de ocasiones sin tener la razón), no piensa en el futuro, porque dura poco en los empleos sin pensar cómo van a terminar su vida, es desordenado, hace las cosas por hacerlas, es mentiroso, vive de mentiras y grandezas que solo en su mente pequeña existen, porque como dice la filosofía popular, lo que se ve no se juzga. 

Una minoría es la que hace las cosas lo mejor posible, es la que genera la escasa riqueza que existe en un país hundido en la pobreza y la mediocridad; si por lo menos la mitad de la población económicamente activa, fuera más pensante y responsable, hiciera las cosas como se deben hacer, podríamos tener una mejor economía que es en beneficio de todos. Se debe proteger a los empresarios que generan empleos, que contribuyen al crecimiento de cualquier región, pero el mexicano promedio, que son mayoría, en lugar de seguir su ejemplo, tenacidad y dedicación, les tienen envidia, los atacan cada vez que pueden, sin darse cuenta que gracias a ellos tienen o pueden alcanzar una mejor calidad de vida. 

Todo esto y tantas cosas más, decepcionan a la gente exitosa, triunfadora, porque cada día en lugar de crecer como país, las nuevas generaciones, están saliendo menos preparadas, menos conscientes, menos interesadas en los demás. 

Salir a flote o el hundimiento de un país, depende de los ciudadanos, ningún político lo hace, solo son peroratas y retórica barata, pero no les importa la mayoría ciudadana, solo las utilizan. Así que seamos más conscientes y pensemos en ser cada día mejores. ¡Sí se puede! 

miércoles, 25 de febrero de 2026

Triste realidad...

 


Decepción mexicana.
 

¿Te sientes orgulloso de ser mexicano? En lo personal, tendría que replantearme esa pregunta, antes de responder. La mayoría de la gente, como siempre, responde de bote pronto, a la ligera, sin analizar su respuesta, señalando que sí, agregando aún más, porque es el mejor país del mundo, y bla, bla, bla. Estoy consciente que el territorio y todo lo que en sí encierra, no tiene la culpa, pero los habitantes, sin dudarlo, son el problema.  

Es normal, esa respuesta, sobretodo, sabiendo que más del 85 % de la población, jamás han salido a otro país, porque irse de mojado a los Estados Unidos, no cuenta como viaje de placer, ni de negocios, sino de supervivencia, y por obvias razones, no se disfruta, mucho menos se analiza y compara. 

Retomando el tema que me ocupa, resulta trillado, pero es real, jamás se deja de conocer a la gente y peor aun tratándose de tantos millones de mexicanos, con ideas retrógradas, equivocadas, y muy pocas, escasas, diría yo, brillantes. 

Siempre se ataca a la gente poderosa, económicamente, pero ellos son los que menos se meten en problemas con los demás, por algo son triunfadores en el área a la que se dediquen, están enfocados a alcanzar sus objetivos, sus metas y a posicionar su marca personal. 

En cambio, los pobres, mediocres, sin ideas, con estudios truncos, otros ni siquiera saben leer y escribir, en pleno siglo XXI, aunque no lo creas, inteligente lector, aún hay miles de nacionales que así están, y seguirá habiéndolos, dadas las políticas implementadas recientemente, que, en materia de educación, son de retroceso. Raro ¿Verdad? Son especialistas en todo, ajá, pero por más que salten, brinquen y pataleen siguen en el mismo lugar, merecido, por cierto, pero ellos creen que no. 

Desde siempre, es difícil, encontrar a gente responsable, que aprenda bien el oficio de que se trate, y que haga lo mejor posible las cosas dentro de su área laboral, pero en este nuevo siglo, eso, ha cambiado para mal, las nuevas generaciones, nacieron cansadas, con el cerebro aun más cerrado que las anteriores, pero eso sí, presumiendo que saben demasiado de tecnología, cuando la realidad es que tampoco, porque hacer lo que hacen, bloqueando, eliminando a X o Y contacto, manejar las aplicaciones que la mayoría utiliza, no es “saber mucho”, porque soy de la idea de que conocer algo que no deja dinero, no sirve. Lo que no te sirve para mejorar y crecer como persona, mejor olvídalo. 

Cuando, debido a la constante demanda de empleados, de los negocios, sea del tamaño que sean, se tiene que recurrir a estos ejemplares difíciles de formar. Porque ya no duran en los empleos, los hay desde aquellos, que llegan de inicio, y si salen a comer, ya no regresan, otros aguantan un día, dos, una semana, una quincena, pocos son los que alcanzan los tres meses, aprendiendo el oficio, pero al final se terminan yendo. Y hasta eso, no tienen la cultura, ni decencia de avisar, simplemente, no regresan. Como si se les fuera a obligar a seguir laborando ahí. Esa es otra “cualidad” general, son cobardes, tienen miedo a expresar sus emociones, sus pensamientos, sus dudas e inquietudes. No les gusta recibir órdenes, pero eso es necesario, cuando te alquilas para prestar tus servicios, ya ni se diga, si se les llama la atención, porque de inmediato se ponen al brinco, incluso hay casos en que se llegan a liar a golpes, con el encargado, gerente, director o dueño del negocio, solo por pedirles que sean cuidadosos en lo que hacen. Así de dañados están. 

Los pobres, están acostumbrados a que los demás, les den, los apoyen, a cambio de poco o nada, porque cuando se les necesita, pocos, poquísimos están, la mayoría tienen pretextos para no quedarse unos minutos más en el área laboral, aunque se les pague o compense con tiempo, jamás se les obliga a hacerlo de manera gratuita. Otra forma que tienen, es la de hacer exclusivamente lo que se les pide, todos sabemos, amable lector, que no puedes decirle a nadie, TODO, lo que se hace y debe hacerse en cualquier negocio o empleo, por eso tenemos sentido común y una cabeza con neuronas y materia gris, para ir, sobre la marcha, aprendiendo y viendo que hay detalles que nada nos quita, hacerlos. Es para su propio bien, porque viendo las acciones y actitudes y aptitudes, se van ganando la confianza, incrementos salariales y escalando en el escalafón de la empresa. Pero no lo hacen. Se limitan a hacer lo que les dicen. Y eso, cuando los está viendo el dueño, jefe o encargado del área, porque, cuando no es así, de plano ni lo necesario hacen, y lo podemos comprobar en los pequeños negocios, donde los dueños no están presentes, las ventas y, por ende, ganancias, disminuyen cuando están y cuando no. En México, el trabajo en equipo no se da. Entre tantos déficits más. Tiempo, es lo único que pueden dar los pobres, porque calidad, son escasos los casos de aquellos que la dan. Y ni eso quieren aportar. 

Cuando, llegan los clientes, preguntan por algo, que no lo hay, no son capaces de ofrecer opciones de productos, materiales o herramientas que pueden funcionar para lo que buscan. Que también es cierto, el otro lado, es igual, es un círculo vicioso, los compradores, también son raros, difíciles, de complacer, de atender, porque los hay aquellos que preguntan por algo, y apenas se les va a responder o a mostrar, ya están pidiendo otras cosas, como si ellos fueran tan eficientes y rápidos, atarantando aun más a los de por sí, atolondrados empleados. Además de vivir mucho tiempo de determinado oficio (costureras, estilistas, mecánicos, peluqueros, etc.) y no conocen los materiales con los que desempeñan su labor, andan pidiendo alfileres en lugar de seguros y viceversa, confunden el grosor con lo ancho, los colores, texturas, todo. Eso también, es en perjuicio de ellos, de la sociedad, pero sobretodo del país, porque los extranjeros, se van con esas falsas ideas, creyendo que todos somos iguales, aunque no les falta razón, porque si se superan altos porcentajes con la ignorancia y estupidez de la gente. aquí mismo en el continente, tenemos a los argentinos que nos tienen perfectamente checados, debido a que, en el país, hay tantos ciudadanos de ese país, faranduleros, deportistas, empresarios, etc., y cuando viajan a su país, se burlan, bien y bonito de los mediocres que somos en general, además de que ellos ocupan, con su porte y personalidad, espacios que los de aquí no pueden, por su mal aspecto y escasa preparación. Y, sin embargo, nos quieren imponer desde la TV, que apoyemos a los argentinos en los mundiales de futbol, si literalmente, nos desprecian. Y no son los únicos, aunque si los más puntillosos. 

Claro está, que esto tiene que ver con la ausencia de conocimiento de la mayoría, porque viajar también es cultura, es como si leyeras un libro, siempre y cuando vayas con la mente despejada, abierta y analices con detenimiento el actuar de los nativos de cualquier país que visites, porque no es la misma reacción ante un mexicano de un empleado de un aeropuerto, hotel, restaurante que de aquel que no necesita de tu dinero para vivir, por eso se tiene que observar cualquier conducta, aunque eso es pedir demasiado, si aquí no lo hacen, menos lo harán en el extranjero. Lo que observo, es que los mexicanos que salimos al extranjero, somos los que carecemos de deudas, tenemos un empleo estable y/o una educación superior, en cambio los extranjeros que nos visitan son lo contrario en sus países, los que menos oportunidades tienen, y por lo mismo buscan un país pobre, inculto y mediocre como el nuestro para quedarse a vivir en él, quitándoles otro tanto de oportunidades a varios nacionales, debido, a como dije antes, a su físico, color de piel, sus deseos de superación y hambre de aprender cosas que aquí se dejan de hacer, por ignorancia, por flojera, por desinterés. Si que estamos cada día peor y el mundo se da cuenta, pero el mexicano promedio no. Hasta en las elecciones se ve, la gente no vota con la razón, si no con el hambre y la necesidad de que el gobierno los mantenga. ¡Que tristeza!

martes, 24 de febrero de 2026

Así las cosas...

 


Débil economía nacional. 

Estamos en el tercer año de la “pandemia”, y como sucedió hace un siglo, es el más complicado, económicamente hablando; los gobernantes, siempre tienen pretextos para ocultar su ignorancia, incapacidad y falta de resultados favorables para la mayoría, con facilidad encuentran quien los esconda de su mediocridad para “gobernar”. 

Como he dicho en anteriores entregas, nada se mueve en este país, si no es con el visto bueno del SISTEMA, ignaro aquel que dude de su existencia y crea que las elecciones mexicanas son limpias, legales y obtiene el triunfo el que la mayoría apoya. Cualquier cargo de elección popular, por pequeño e insignificante que sea, lleva el Vo. Bo. de integrantes de ese selecto grupo que integra todas las corrientes ideológicas, aunque parezca que no. 

El carisma del actual presidente, nato o no, que tuvo muchos años para perfeccionarlo y estudiar a cabalidad lo que el mexicano promedio quiere ver y escuchar, sirvió para ocupar este cargo, precisamente, cuando estaba programada una “catástrofe” en la salud mundial, que provocaría caos, muerte, pobreza y cierre de miles de pequeños, medianos, incluso algunos grandes negocios y/o empresas, en todos los rincones del país, así como la aplicación de políticas que con otro partido, sin duda alguna, provocaría hasta brotes sociales. Pero usando a la oposición, acusando a los gobiernos pasados, y con gran número de distractores, modifica las leyes, crea nuevas dependencias y desaparece otras, en fin hace y deshace a su antojo, y la gente feliz, contenta, no dice nada, y como ya, lo que dice es casi, casi ley divina, ahora si como dice el gachupín titular del Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo II, se la están metiendo doblada al país y la gente en la ignorancia, creyendo vivir en un mundo de fantasía. 

Conforme pasan los días, las cosas se encarecen más, por semana suben los productos en general, y como decía Raúl Velasco aun hay más, actualmente está subsidiando el gobierno el precio de la gasolina, tiene varios días que el precio se mantiene alrededor de los $24.00 por litro, pero los analistas financieros serios, que los hay, auguran que el golpe fuerte vendrá una vez que sea liberado nuevamente el precio del combustible, porque hasta los más moderados vaticinan que puede llegar a costar el doble. (arriba de los $40.00 el litro), imagínate, amable lector, el descontrol de precios que ¿esto provocaría?, así se espera el final del sexenio, demasiado turbulento, económicamente hablando. Ojala, no sea otro diciembre de 1994. Pero, la economía no va bien. 

Además de la “pandemia”, la guerra entre Rusia Versus Ucrania, es un factor para disimular lo mal que está México.   

La escasez de dinero, el cierre de tantos negocios, ha incrementado la ola de robos y asaltos, ya no van por las grandes cantidades, hasta por veinte pesos andan golpeando, incluso asesinando a cualquiera que se resista a perder lo poco que lleva encima.

Aunado a todo eso, se incrementó la tasa de interés bancaria, eso afecta a los que pagan con la tarjeta de crédito, que ya tienen créditos adquiridos y que no pagan lo que les corresponde cada mes para no generar intereses. 

Las medidas de Hacienda para controlar a los empleados, formales y de reciente ingreso y a los dueños de negocios, también es algo que en otras circunstancias, hubiera provocado hasta manifestaciones, pero ahora todos están callados, sobretodo los expertos en armar desorden social. Esos grupos son los que el presidente, su carisma y preparación en el arte de la manipulación, persuasión y el engaño, mantiene entretenidos y contentos. Para su proyecto personal, eso es digno de alabarse, porque se preparó para saber cómo actúa la mayoría de la gente, los tiene perfectamente estudiados, diciéndoles lo que les gusta oír, haciéndoles creer que son la parte fundamental de su gobierno, ingenuos, ojalá algún día despierten de su sueño de bienestar, pero ya será demasiado tarde, pues su pobreza mental y económica, será más pesada. 

Claro que la pandemia causó estragos en la economía de la mayoría, sobretodo de los que menos tienen, pero no por el ámbito de la salud, sino por que se obligó a la gente a cerrar sus negocios del tamaño que fueran, y a seguir pagando los salarios de los empleados, así como los servicios, agua, luz, algunos renta, impuestos, etc. sin entradas esto es muy grave para cualquiera y más en México, donde la gente no tiene la cultura del ahorro, por lo que literalmente miles se quedaron en la calle. 

Ahora también, de muchas cosas, culpan a la guerra de Rusia, esto es normal de los políticos, siempre los terceros tienen la culpa de sus pifias, de sus incapacidades cuando la realidad es de que dilapidando el dinero en becas y apoyos mensuales ningún recurso alcanza, además de que los servidores públicos que ocupan los cargos clave en el gabinete federal, carecen de lo necesario para mirar al futuro de un país con una economía pobre, emergente le llaman ahora, para maquillar, como se acostumbra, la realidad de la pobreza en la que viven cada día más ciudadanos y sus familias. 

El sistema, utiliza la pobreza para lograr sus fines, no importa del partido que nos hagan creer que son, todos son lo mismo y lo que menos les importa es el bienestar de la población, pero necesitan de su aval mayoritario para legitimar sus triunfos, porque una población informada no es tan fácil de engañar, pero los que tienen que andar haciendo lo que sea para sobrevivir no tienen tiempo para analizar y enterarse de lo que ocurre en el país, además de que al mexicano en su mayoría, no le gusta perder el tiempo pensando, le da flojera, eso no sirve, prefiere perder su valioso tiempo en tonterías, en estupideces que a nada lo conducen. Así es el ciudadano promedio. 

Esa apatía, desinterés, ignorancia que existe, no permitirá que este país salga de la situación en la que se encuentra y aunque digan que siempre ha sido igual, claro que hay manera de convertir a México en un mejor país, pero para eso se necesita de raíz una verdadera transformación, no simple retorica barata. ¡Ánimo!

lunes, 23 de febrero de 2026

Publicación...

 

El país que jamás seremos…

LIC. ALFREDO CASTAÑEDA FLORES     ANALISTA

22 feb. 2026.-México es un país pobre, no cabe duda alguna, y quien lo niegue, simple y sencillamente miente, se miente como es costumbre y pretende esconder la realidad diaria que vivimos y vemos vivir a los demás.

Las señales son muy claras, el país es pobre en muchas áreas, sobretodo en las principales: mentalidad, economía, educación, cultura, valores morales, política, etcétera.

Todo está confabulado para que así sea y no hay la mínima capacidad necesaria para revertir eso, ambos extremos funcionan de igual forma. Porque no hay nadie que solo venda o que solo compre, no hay quien trabaje y quien no, salvo deshonrosas excepciones, etc.

En cuanto a los servicios, los públicos que recibimos, son de pésima calidad, malhechos, se quedan sin concluir, y lo podemos ver, aunque como así es y ha sido, ya no nos asombra, (calles, banquetas, drenaje y alcantarillado, etc.), hasta que ocurre algo de distintas consecuencias y nos afecte, ahí sí se grita y patalea, aunque no en las instancias y con la intensidad correctas, por lo que rápidamente todo queda sepultado en el olvido y la ignominia.

Porque aparte de todo, los mexicanos somos cobardes, miedosos e ignorantes, todo lo justificamos cuando no nos afecta y cuando estamos del lado incorrecto, suplicamos porque se nos atienda, se resuelva y se haga justicia. Pero como se dice siempre, son casos aislados, que no provocan modificación alguna. Hace falta unión, unidad y fortaleza para defendernos, pero eso jamás se logrará. Porque también somos holgazanes, apáticos, intolerantes, vivimos con/de prisa como la estupidez y de corta memoria.

Y los servicios privados tampoco son mejores, es la misma chingadera, pésimos, intermitentes y aunque ahí el pago es individual y sin obligación, sino por gusto de hacerlo por tenerlos y otros por necesidad, pero ni eso les da el valor suficiente para defenderse de los proveedores y prestadores de servicios. Por lo que vivimos esclavizados siendo rehenes de los imbéciles que los tienen consignados, asignados.

Con la modificación y transformación de la TV analógica que existía antes, pero que llegaba mejor la señal a nuestros hogares, a la TV digital la que presuntamente sería mejor, seguimos peor, los que no queremos realizar pagos externos innecesarios, por uno hora diaria o dos que la sintonizamos, seguimos sufriendo la desaparición de los canales justo en el momento en el que la podemos mirar, pareciera que hasta lo hacen a propósito que se pierde la señal, en las noches y los fines de semana, que son los espacios donde más puede la gente sentarse a ver ciertos programas, principalmente deportivos, esto seguramente para que la gente siga pagando por servicios extras, como cable, plataformas digitales, y tanto que ahora existe.

De las tres cadenas nacionales de TV que existen, Televisa, Imagen TV y TV Azteca, la que tiene mejor recepción, la que se ven sus cuatro canales (1, 1.2, 7.1 y 7.2), incluso sin antena aérea, es la última, TV Azteca. Las otras dos, que curiosamente son de la misma familia, frecuentemente muestran fallas de señal, aunque la antena no se mueva. ¿Sabotaje? Puede ser, pero si resulta demasiado sospechoso.

La telefonía fija e internet, que van juntos y pegados, también de forma frecuente, se va la señal del internet que es lo que más se utiliza ahora, eso también es provocado por la empresa para contratar, presuntamente, un mejor paquete y por consiguiente más caro, que te aseguro, amable lector, tampoco es garantía de que funcione mejor. La telefonía celular, que ahora es la más usada, también tiene sus fallas frecuentes, además de que, según la modalidad que se elija, como los contratos forzosos por paquetes mensuales, de los que los usuarios se quejan, porque les cobran de más y la otra modalidad de prepago, cada vez duran menos, ahora ya trescientos pesos son para un mes y no se cumple completo, siempre hay quejas de los usuarios, además de que la señal de esa modalidad es intermitente en todos los lugares y espacios. Solo fallas, pagadas. Así vivimos.

La TV por cable pagada también tiene sus quejas frecuentes, así que sea en teoría, “gratuito” un servicio o pagado, el resultado es igual. Es lo malo y el resultado de vivir en un país ligado a la pobreza. Que jamás se acabará porque así está diseñado y cada vez será peor, porque ya lo estamos viendo. Cada día vivimos cosas peores.

Aunado a la pobreza, viene la delincuencia, porque como dije antes, la mayoría de la gente es holgazana y prefiere los atajos a los sacrificios, y ¿la autoridad? Forma parte de eso. Porque cualquier delito común que se denuncia ante las hoy llamadas fiscalías no se resuelve. Se necesita ser familiar de algún político encumbrado o de un poderoso empresario para que ahí si se pongan a hacer su trabajo, encontrando las cosas y a los culpables, según sea el caso, o que por “suerte” algo se haga viral o público, y aparezca en la televisión o las redes sociales, y se resuelva, en apariencia, porque tampoco se resuelve del todo.

Estos individuos, que forman parte de ellas, llámese federal o estatales, están acostumbrados a no hacer nada de provecho, pero cuando llegan denunciantes, por robo o asalto, comienzan a solicitar dinero a la parte ofendida, agraviada, con el pretexto de la austeridad (hoy) republicana, pero es una práctica tan común desde siempre, asimismo, cuando la contraparte es un negocio, pues las ganancias de estos individuos sin valores ni preparación, es mayor, encuentran su mina de oro, y aunque no resuelven el asunto para el afectado, ellos si están exprimiendo a la parte contraria, porque saben quien es. Así operan estos sujetos, sin importar, que sean hombres o mujeres. Si que estamos jodidos mexicanos, porque los que deberían aplicar la ley y defender a los ciudadanos, son los que con una facilidad la violentan a su favor, para sacar provecho económico. ¿Y los superiores? Por supuesto que lo saben, es una red delincuencial de corrupción y raterismo que da terror caer en sus garras. Migajeros ladrones.

Algo parecido ocurre cuando un agente de tránsito o policías municipales en ausencia de estos, detienen un automóvil, sin haber cometido ninguna infracción, solo porque según ellos lo ven sospechoso o porque les avisaron de que se robaron un automóvil de esas características, pero esto solo es para obtener dinero fácil, y pasadas las diez de la noche, son los horarios adecuados para delinquir con placa. No niego que en ocasiones si le atinan, pero la mayoría de casos solo sirve para extorsionar ciudadanos inocentes que tienen la mala fortuna de pasar justo cuando los hambreados esos, van circulando. Así es el país que nos tocó vivir. Donde abundan las injusticias y solo hay resultados cuando les conviene, cuando ya los traen los opositores o la prensa pisándoles los talones, cuando forman parte del sistema político (familiares, amigos o recomendados) de cualquier integrante de la fauna política y sus tres niveles de gobierno. Pero para el ciudadano común, de a pie, jamás hay, ha habido ni habrá justicia.

Así que, inteligente lector, jamás seremos un país mejor, en muchos sentidos, si nos comparamos con las demás naciones, siempre salimos perdiendo. Desafortunadamente no somos un ejemplo a seguir, para nadie, ni para nuestra niñez, que en lugar de que salgan cada día mejores, son unos enfermos, buenos para nada, que a la menor provocación caen en los vicios existentes, se tatúan, se ponen piercings, comienzan a abusar de la voluntad de la gente buena que aun existe y así van escalando hasta cometer acciones ilegales mayores que pueden culminar en delitos de distintas consecuencias.

La educación familiar y escolar está cada día más denigrada, abandonada, a los padres de familia no les importan sus hijos y a los profesores no les interesa que aprendan, que conozcan, ellos son felices cobrando sus quincenas, ya no hay la vocación de antaño, de esos célebres profesores extraordinarios que nos tocó conocer. Así cómo queremos crecer, si no hay la mínima capacidad de lograrlo. Tristemente, así es…

domingo, 22 de febrero de 2026

¡Lo dudo!

                         


                                    DE VERDAD, ¿COMPRENDES LO QUE LEES?

La comunicación escrita es una de las formas de expresión más utilizadas por el ser humano. Es un medio por el cual mucha gente se relaciona con otros. Evidentemente, requiere de un receptor que cuente con la habilidad lectora, primero, para captar el mensaje escrito y, segundo, quizá lo más complejo, para comprenderlo. 

La lectura, como simple ejercicio visual y receptor de palabras, frases y oraciones, se presenta en cualquier persona alfabetizada. Sin embargo, este proceso va más allá del sólo entendimiento superficial de algún texto. 

La mayoría de la gente que sabe leer encuentra barreras constantes en el momento de aprender, comprender o, incluso, interpretar lo leído. Esto se debe a diversos factores; los principales son: escasez de vocabulario, falta de concentración, falta de conocimiento sobre el tema elegido para leer, distractores ambientales –ruido, luz inadecuada, tipografía inusual, etcétera--, malas posturas corporales y, por supuesto , un estado de ánimo no apropiado para realizar una lectura. 

Además, no en todo lo que se lee se presta la misma atención. Ello dependerá del interés del lector o de la situación en que se encuentre. Aunque debido a los adelantos tecnológicos, esta herramienta se ha estado quedando atrás, en lugar de ir de manera paralela. 

Toda lectura está conformada por una suma de oraciones que deben cumplir ciertas funciones y en conjunto dan vida a un escrito. Básicamente, cualquier tipo de texto debe parecerle al lector atractivo, interesante y placentero, además de generarle enriquecimiento en algún ámbito de su vida. 

Cuando una lectura se realiza por obligación, esto se convierte en una primera barrera de entendimiento y comprensión, así que, opta por una actitud positiva y relajada si lo que vas a leer lo tiene que leer. 

Existen, esencialmente, dos tipos de lectura: la conceptual y la narrativa; también dos formas para leer: la superficial y la profunda. 

En lo concerniente a la lectura conceptual y narrativa, la diferencia radica principalmente en el lenguaje, es decir, las palabras que se emplean en la redacción de los textos. Ambas tienen un título y una estructura adecuada para relatar los hechos, pero el contenido es totalmente distinto, así como la información que se pretende llegue al lector. 

La mayoría de las veces que leemos, lo hacemos de manera superficial, es decir, solamente decodificamos lo escrito gracias al conocimiento de nuestra lengua; tenemos contacto con un texto únicamente de vistazo. Almacenamos la información recibida pero no la procesamos debidamente para dar paso a la comprensión. 

Desafortunadamente, la lectura profunda, de comprensión, no se enseña desde una temprana edad, ya que en la escuela o en casa enfocan nuestro aprendizaje en el sentido visual más que en el cognitivo o intelectual y ello impide que nuestro cerebro procese adecuadamente lo aprendido y logre interpretarlo. 

Claro es que no siempre deseamos hacer una lectura profunda, ya que la lectura superficial se presenta cuando vemos casualmente algún anuncio o viajamos en transporte público y nuestros ojos captan mensajes rápidos de carteles, invitaciones, comercios, etcétera. O bien, de manera consciente, si buscamos algún dato concreto o cierto detalle que nos interesa de un texto, aplicamos una lectura superficial. La extensión del texto no determina que el contenido sea más sencillo o más complejo, o que el mensaje sea más claro para su comprensión; es decir, así como un breve texto puede significar un proceso profundo de comprensión, un texto más extenso puede contener mensajes claros, contundentes y sencillos de comprender. 

Asimismo, la forma en que el lector recibe un mensaje preciso, por medio de la información contenida en ellos, puede ser superficial, profunda o ambas, ya que el interés, la curiosidad y el estado de ánimo de quien lee, incluso el tiempo y la situación en que se encuentre, son aspectos vitales para dar paso a la comprensión lectora, desde un simple vistazo hasta un ejercicio lector pausado y analítico. 

Sin embargo, es frecuente encontrar a muchas personas que no tienen la mínima capacidad de análisis de leer un anuncio, un precio, una frase completa y solo lo hacen con la primera palabra, cifra o mitad de la oración y eso provoca que se tengan que estar repitiendo las cosas o que se den malos entendidos, sobre todo en los negocios, porque la gente se queda, generalmente, con la idea de una cantidad menor, además de otros vicios frecuentes que la mayoría cometemos, por la falta de una mejor comprensión de lo que leemos.  

sábado, 21 de febrero de 2026

La mera neta...

 


De todo un poco. 

México es un país pobre, no cabe ninguna duda, y quien lo niegue, simple y sencillamente miente, se miente y pretende esconder la realidad diaria que vivimos y vemos vivir a los demás. 

Las señales son claras, el país es pobre en muchas áreas, sobretodo en las principales: economía, mentalidad, educación, cultura, valores morales, política, etcétera. 

¿Aun lo dudas? Desde que nacemos nos venden humo para ocultar la verdadera situación del país. Y pocos somos los que salen de esa penumbra creada por todos (profesores, religión, políticos, familia, etc.) la mayoría, muere sin nunca despertar. 

¿Defectos nacionales? Malagradecidos, ignorantes, flojos, miedosos, necios, tercos, abusivos, corruptos, apáticos, nada solidarios, y cualquier adjetivo que le quieras agregar. El mexicano, no está acostumbrado a que se le corrija, ni en público ni en privado, porque de inmediato se encanija, reacciona de distintas maneras, pero siempre negando la verdad. Hay un dicho de la filosofía popular que señala: “…corrige al sabio, se hará tu amigo, pero corrige al estúpido, y se convertirá en tu enemigo…” esas palabras sabias, encierran nuestra idiosincrasia, porque el mexicano no acepta sus errores, sus defectos, además de que siempre es otro el que tuvo la culpa, y aunque se de cuenta de su error, no tiene la decencia de ofrecer disculpas (dice la mayoría, pedir disculpas, gran equivocación), eso frena el crecimiento del país. 

Como desde que nacemos se han dicho mentiras de los antepasados, muchos se creen descendientes de los gobernantes aztecas, aunque no sepan ni como se llamaban. Pero al mismo tiempo se contradicen, porque cuando se les acusa de nativos o algo parecido, reaccionan defendiendo su sangre europea, asiática o africana. ¿Entonces? 

El mexicano promedio, se dice conocedor de todo, pero cuando se les muestra la verdad con argumentos, no la aceptan, y opinan lo contrario, sacando a relucir la historia mal contada, mal vivida y mal aplicada, cuando se descubren en sus mentiras o imprecisiones (dicen ahora para no ofender a los pendejos), reaccionan de distintas maneras, desde nerviosos, se alejan, se esconden, se muestran enfadados, molestos, hasta incluso llegan a los golpes con distintas consecuencias. Eso también detiene el crecimiento del país. 

El mexicano, es enojón por naturaleza, si no se les cumple algún capricho de inmediato ponen su jeta, se alejan o algunos comienzan a insultar, eso además de estupidez es ignorancia, si no se les hace un favor, si no se les fía mercancía, si no se les presta dinero, cosas, incluso inmuebles, si se tiene un negocio y suben las cosas, como ha estado sucediendo los últimos años de la presunta “transformación”, a fuerza quieren que se les respete el precio anterior, de lo contrario, se encanijan. Aquí pasa algo que en pocos países se da. Cuando se es el dueño de un negocio, del tamaño que sea, se sufren embestidas de todo tipo, principalmente de los conocidos que se llegan a decir amigos, porque buscan su beneficio, pidiendo precio distinto, fiado, y cuando tienen dinero, simplemente se van a comprar a otro lugar, solo buscan a la amistad, cuando no tienen para pagar. Si se les cumple el capricho, nueve de cada diez se desaparecen porque no pagan. Y si se les cobra, los pocos que lo hacemos, porque aquí también entra el miedo, la mayoría, no quiere hacerlo porque les da miedo, señalando que les da más pena cobrarles, pero en realidad es temor, lo que ya saben los sinvergüenzas y de ahí se agarran para no pagar, siendo tan cínicos que un tiempo después regresan como si nada. Y en la mayoría de lugares, lo vuelven a hacer, porque el miedo a no cumplir sus caprichos, la presunta confianza que les tienen de que ya cambiaron, etcétera, los hace caer nuevamente en esas manos de vivales buenos para nada que así se la pasan viviendo, afectando a los conocidos, de preferencia y algunos desconocidos que también caen en sus garras de cinismo y desfachatez.

Caso contrario, cuando algunos de esos parásitos prestan algún servicio por determinado oficio: carpintero, balconero, electricista, plomero, albañil, tapicero, sastre, costurera, etcétera, piden un adelanto por su trabajo, para comprar el material, porque eso también es frecuente, que nunca tienen para hacer algún trabajo, se les tiene que dar la mitad o más del total que costará ese servicio. Y ¿Qué crees? Amable lector, adivinaste, la mayoría de esos individuos, quedan mal, porque utilizan el dinero para subsistir, para cumplirle a otros clientes anteriores que les han quedado mal, y comienza el peregrinar de la gente cumplida, dando vueltas al lugar establecido, a la casa del sujeto, llamándolo sin respuesta, etcétera. Y al final de cuentas, no cumplen totalmente, lo hacen en pésimas condiciones, con material de ínfima calidad, todo malhecho, y tantas cosas más. Que, volviendo a lo mismo, la mayoría se cansa de ir, de llamar, de buscar, y como los sátrapas, lo saben, se quedan sin castigo y pocas veces cumplen. Aquí es donde los extranjeros sufren más de estos individuos sin valores y corruptos. De eso se quejan todos los que viven aquí y los que solo vienen de visita. De que son víctimas de cobros excesivos y abusos innumerables. Por eso a nivel mundial, el mexicano es mal visto. 

La mayoría hayan ido a la escuela, aunque hayan dejado los estudios truncos de cualquier nivel o no, desconocen lo más simple, básico, confunden el alfiler con el seguro, los colores, hablan mal, agregan letras de más al principio o final de las palabras, por ejemplo: acompleto, llegastes, haiga, así hablan hasta los individuos con altos niveles de estudio, queda claro que eso no quita lo ignorante, así como lo hacen por igual, hombres y mujeres, no es exclusivo de algún género. Le llaman maestro al profesor, doctor al médico, ambos términos son grados de estudio, padre al sacerdote, cura, presbítero, párroco; madre a las monjas, y un sinnúmero de errores gramaticales y de dicción. Además, no saben preguntar correctamente. Quieren que el otro, les de la información. Por ejemplo, buscan cualquier cosa, que hay por colores, por medidas, por uso, etcétera, si les dice que color, salen con su batea de babas, que colores tienen. Por favor, es algo que tu necesitas, buscas, debes saber lo que quieres y no lo saben, así es en todo y en cualquier momento, pero lo observamos más los que tenemos mayor trato con la gente, de cualquier nivel social y de estudios.

También, al no tener dinero suficiente, aunque trabajen y tengan base (planta dicen muchos), compran las cosas con miedo, temor, pagan así, pero al momento de recibir dinero lo hacen con unas ansias y se lo guardan como si se los fueran a quitar. No se puede dejar nada mal puesto, porque, aunque sea en la casa, oficina, negocio, nunca falta quien se lo lleve, solo están esperando el momento del descuido del de junto para quedarse con cualquier cosa, aunque lo malbaraten, porque desconocen el valor real de las cosas, de todo. Así somos, y ningún espacio alcanzaría para enumerar todo lo que se hace mal en cualquier rincón de este país. Es triste, comparar lo que vemos, los que hemos salido al extranjero, con lo que se hace aquí, y la honestidad es la principal ausencia en los mexicanos. En otros países de primer mundo, no se toman las cosas, aunque estén tiradas en la calle, banqueta, lugares públicos, incluso hasta se acomodan donde no las vayan a pisar, ensuciar, los peatones, pero ahí se dejan, si regresas incluso hasta varios meses después, ahí siguen, deterioradas por el paso del tiempo, pero intactas en su interior, por eso es que para los corruptos las comparaciones resultan odiosas, porque se ven reflejados en el lado contrario a la honestidad y los valores morales que tan ausentes, cada día más, están en nuestro territorio. Triste realidad. 

viernes, 20 de febrero de 2026

Así las cosas...

 


De reversa laboral. 

Desde siempre y sobretodo en los recientes años, ha crecido la queja, de la mayoría de mexicanos en edad de trabajar (mayores de 18 años), respecto al salario, a las horas exigidas de laborar diariamente, al trato y más. Algo tan común en este país pobre tanto económica, social como culturalmente, donde la gente quisiera lo que está ocurriendo, que el gobierno los mantenga, sin tener que aportar nada para que todos ganen. Vivimos una realidad, donde algunos “ganan” y la mayoría pierde, lo que crecerá aun más, según se vislumbra en el futuro inmediato. 

El mexicano, se queja de todo, siempre, tiene el síndrome del explotado, porque, según él, todos lo atacan, todos lo acosan, lo maltratan, lo hacen “trabajar” más de lo humanamente posible, gana menos, etc., etc. 

Lo que todo aquel que tiene un negocio, del tamaño que éste sea, sabe que es mentira, que son los “maravillosos” empleados mexicanos, los que están en ese error que escasas veces y pocos, admitirán. 

Así se tenga un solo empleado, el dueño, se da cuenta, que recientemente, es difícil encontrar gente honesta, comprometida, responsable, trabajadora, y más, ahora no es así. Y no es privativo de los negocios pequeños, pero si donde más fácilmente, el propietario se da cuenta, así ocurre en los grandes consorcios, incluso internacionales con presencia en el país, y por obvias razones, entre más ventas hay, más es lo que esos empleados infieles se reparten, la gran diferencia, es que en esos grandes comercios, debido a las cantidades de mercancía que se adquiere, reciben grandes promociones, que van desde descuentos, hasta más mercancía de la adquirida, en algunos casos, se dan ambas premisas, y por lo mismo, es más difícil para el dueño o consejo directivo, cuando son varios los propietarios o accionistas, darse cuenta del desfalco, además de que son numerosas las sucursales de X o Y marca comercial, pero de que hay pérdidas voluntarias, las hay, además de las involuntarias, que generalmente esas están aseguradas. Y cualquier empresa pudiese obtener mayores y mejores ganancias, pero hay intermediarios que se están beneficiando con ellas. Lo que es cada vez más difícil de probar y demostrar. Primero, porque los avances tecnológicos han mejorado, tanto para bien, como para el mal, y porque hasta los encargados de hacer las llamadas auditorías, inventarios y chequeos de existencias mercantiles, se prestan por unos pesos a declarar que todo está perfectamente. Estamos en el país de la oferta y la demanda de corrupción laboral donde el que da más, es el que sale beneficiado, ganando varios en ese tsunami de complicidades, perdiendo como siempre el dueño del dinero, del negocio. Aunque los empleados siempre digan lo contrario. 

Así las cosas, amable lector, es tan fácil opinar de cualquier cosa, cuando no se tienen las bases, ni el contexto completo de las cosas. Por eso muchos dudarán de que así estamos en la actualidad, en cuanto a los empleados. 

Regresando a los empleos pequeños, de los que ahora se denomina emprendedores, se puede observar lo que he señalado, la falta de ganas de trabajar bien, de representar dignamente a la empresa, de aprender el oficio correspondiente, de cuidar los intereses del dueño, porque de eso depende seguir laborando y obteniendo un salario semanal, quincenal o mensual, y otras cosas, pero pocos, cada vez menos lo hacen. 

Como dije antes, es difícil encontrar una persona responsable, que se encargue de dirigir y tener en orden el negocio de que se trate, en las ausencias del dueño o se encargue de una sucursal, cuando afortunadamente se va creciendo en el ramo respectivo, muchos en apariencia lo son, mientras no se les ponga en prueba, porque cuando ya se les explica el siguiente paso, algunos dicen que sí, por convivir, pero desaparecen sin avisar, otros de plano prefieren renunciar para no tener ningún tipo de responsabilidad, y los escasos que tienen el valor de aceptar la responsiva de un empleo, no funcionan, no aguantan, o provocan pérdidas al mismo, por la falta de capacidad, de experiencia y compromiso, pero los dueños no tienen más remedio que seguirlos aguantando, porque en estos tiempos, es más difícil conseguir empleados, debido a los programas sociales gubernamentales, que les facilitan la vida a los mediocres, sin aspiraciones ni futuro. Y porque ya no tienen más remedio que hacerlo, porque se aventuraron a abrir una sucursal de un negocio que les funcionó. Pero no previeron antes, como lo atenderían. Algo clásico, del mexicano, hacer las cosas sin analizar, sin un estudio previo de mercado, de logística de como funcionará otro negocio igual. 

Bajando al nivel general, de los empleados de piso, de ventas, que no tienen ninguna responsabilidad extra, más que atender a la clientela, también tienen enormes defectos, según el estado de ánimo diario, es como atienden, porque si no tienen ganas de trabajar, niegan las cosas, inventan mil y un pretextos para no vender, no hacen caso de los clientes, se la pasan con el celular en la mano, aunque el dueño esté ahí, buscan la forma de evadir su responsabilidad, sabiendo que en cualquier negocio, hay tiempos muertos, en los que no hay gente, pero aun así, se les hace exagerado estar ahí las 8 horas diarias tiempo con el que estuvieron de acuerdo, al momento de aceptar el empleo. Porque no se les obliga, ni se les engaña, desde el momento de la entrevista, tanto el empleador como el empleado hacen las preguntas pertinentes para estar en condiciones de aceptarlos y aceptar; lo demás, que es aprender el oficio, las técnicas, manualidades, sobre la práctica se hace, aunque, sí hay negocios, donde previamente se les capacita con sueldo, que, por cierto, también algunos ya no regresan después de la misma o la dejan inconclusa. Y así, no se puede, este factor también influye en que México, siga siendo un país pobre. 

La gente es experta en quejas, no en realidades, experta en engaños, no en verdades, se venden como los mejores y resultan lo contrario, tienen grandes vacíos y defectos emocionales, escasa preparación académica, mentalidad débil y principalmente, pocos objetivos y metas que los conviertan en mejores seres humanos, que su familia los admire y los coloque como ejemplos de grandeza y superación, pero que podemos esperar de los habitantes de un país, que cada vez está más atrasado en todos los niveles y áreas, que si se pretende motivarlos a mejorar, se molestan, agreden y se esconden en su concha de completa mediocridad. Si que estamos mal y se vislumbra, cada día que pasa, algo peor para todos. Ups.