Un país de malagradecidos…
LIC. ALFREDO CASTAÑEDA FLORES ANALISTA
1 junio 2026.-Qué triste es vivir en un país donde abundan los ignorantes, pero principalmente, los malagradecidos.Los pocos que superamos la medianía, no podemos jalar a los demás a buscar mejores opciones de vida, porque la estupidez se defiende con uñas y dientes, no deja que los saquemos de su zona de confort, que en realidad solo es holgazanería y mediocridad, que los mantienen hundidos en la pobreza mental y económica, pero ellos dicen estar bien.
Para el SISTEMA claro que lo están, porque son presas fáciles de manipular, de usar, de hundirlos más y más en la pobreza sin darse cuenta que así funciona el país (Y por supuesto el mundo).
Independientemente de eso, las neuronas están escasas en la mayoría de los habitantes de nuestro país. Quizás, por la alimentación, quizás por la continua repetición, pero no se ve un avance, aunque sea lento, pero ni así, cada día que pasa, quizás también porque estamos madurando, que tampoco es algo que alcancemos todos, hay tantos que jamás la alcanzan, pero lo estamos viendo y viviendo un día sí y al otro también.
Empecemos con los que acostumbran pedir prestado, fiado, descuentos, llámese mercancía (especie) o dinero en efectivo. Para empezar, aquellos que lo hacen ante los dueños de un negocio micro, pequeño, mediano o grande, están actuando de mala fe, porque ya es su modus operandi y modo de vida cotidiana, eso es algo que acostumbran hacer a diario y en los diferentes ramos y áreas comerciales. Primero llegan, compran pequeñas cosas de forma frecuente, con el trato diario se van haciendo “amigos” de los dueños, poco a poco van aumentando lo comprado, hasta que llega un día en el que ya, en confianza, resulta que en otros lugares, les dan más barato, pero prefieren comprar ahí, porque son sus amistades, con eso, ya obtienen un descuento, pero también, no encuentran su dinero o no les alcanza para pagar, como tienen experiencia en engañar a la gente, logran que se les de la mercancía o el servicio prestado quedando a deber una mayor cantidad, o incluso el total de lo llevado, a partir de ahí, comienza el viacrucis del o los dueños, porque llega la fecha en que pasarían a cubrir la deuda y no aparecen, a veces no saben ni tienen como localizarlos, otras ocasiones, aunque tengan algún número telefónico o la dirección, no responden, se esconden como lo cobardes que son. Así están acostumbrados a vivir.
Son tan cínicos y desvergonzados que dejan pasar un tiempo prudente y regresan al lugar de los hechos, del delito cometido, se hacen los ofendidos, hablan lo menos posible, todo eso es una táctica bien aprendida que usan para delinquir. Si se les pide que paguen, arman tremendo drama, se salen ladrando, mascullando y vociferando, recuerda amable lector, que la estupidez es estruendosa, escandalosa y el primero que levanta la voz, es el más imbécil. Peor aun cuando no tiene la razón.
De esos sujetos está lleno cada rincón de nuestro país. Seguramente ya te ha tocado conocerlos, amable lector, o peor aún, tú eres uno de esos estúpidos ubicados estratégicamente para que los demás los encontremos a diario en nuestro paso por la vida. Albert Einstein dixit.
También es conducta típica de los malagradecidos y holgazanes, que cuando andan desempleados, acuden a entrevistas de trabajo, y resulta que son los mejores, competentes, honestos, experimentados, una chingonería. Pero, una vez contratados, se termina el encanto, son todo lo contrario. Se la pasan añorando, si ya tuvieron, el empleo anterior, y en voz alta para que todos oigan, que en X o Y empresa, fábrica o negocio, todo era maravilloso, además les pagaban más. Entonces, ¿por qué los corrieron de ahí? Simple, ya en anteriores entregas he señalado que cualquier situación se aclara, con observación y lógica. En pocos días, uno conoce a la gente y en los empleos no es la excepción.
La gente, sin importar la edad, ya está maleada, para eso sirve la tecnología y las redes sociales, para despertarles el lado oscuro, malo, negativo, estúpido y van aprendiendo lo que otros publican, que los hace sentir orgullosos, pero que en realidad solo es una imbecilidad de gente sin cerebro. Por ejemplo, yo en el trabajo hago lo que quiero, no me dejo “regañar”, no me gusta que me den ordenes, si tengo un compromiso, no les aviso y falto, etcétera. y los nuevos próximos empleados, eso lo toman como algo importante y quieren hacer lo mismo.
Además de que ahora ya no quieren estudiar, no les gusta aprender, leer, con trabajos saben lo muy básico, entonces casi entran completamente a ciegas, a cualquier empleo, pero llegan muy presuntuosos y a los pocos días, se les hace calabaza la carroza, porque los dueños y encargados se dan cuenta de que son unas papas enterradas, sin iniciativa ni el mínimo conocimiento general de la vida, y efectivamente, debido a la escasa mano de obra disponible en cualquier lugar, área y nivel, comienzan a repetir las conductas de otros, que leyeron o les contaron en persona o vía las redes sociales.
Faltan y no avisan, porque saben que es difícil encontrar empleados, utilizan el tiempo pagado para hacer sus trámites que pueden realizar y no hacen en su tiempo libre, eso es tan frecuente y común. No desayunan ni comen en su casa, pero lo quieren o lo hacen en horas de trabajo, y si no se les permite se molestan, y si se les permite, se tardan demasiado, no atienden al cliente, ensucian los productos, el local, y aparte, todos sus conocidos se enteran, solo de lo que para ellos es malo, porque no cuentan lo que ellos hacen, solo lo que se les niega o prohíbe. Clásico en la gente descerebrada. Haz su capricho y todo bien, niégales algo y rebuznan. Poca ma…nera.
Cuando están en su día libre, todo puede esperar, pero si están laborando, todo les urge y piden permisos uno tras otro. Y no quieren que se les acumule y se les descuente. Así es el malagradecido. Quieren que la gente se acomode a ellos, cuando son unos mediocres, buenos para nada, que necesitan trabajar para medio comer y medio vivir, que, si no estudian, así será el resto de sus vidas. Ser empleados, porque encontrarse a la princesa rosa o al príncipe azul, solo pasa en la literatura infantil y los melodramas de la tara visión. Nadie quiere a un holgazán, sin oficio ni beneficio, mucho menos para cumplirles caprichos y mantenerlos el resto de su vida.
Las mujeres tienen otra forma de obtener dinero fácil, pero la edad les pasa factura. Las opciones, buenas y no tan buenas se acaban, cuando no se mira hacia el futuro, siendo un individuo del montón, sin capacidad, sin experiencia, sin valores, sin iniciativa y actuando solo como unos viles malagradecidos. Ups.