jueves, 2 de abril de 2026

Triste realidad nacional...

 


EDUCACION A LA MEXICANA. 

Mucho se habla, antes, hoy y se seguirá haciendo, sobre la mala calidad de la educación mexicana, y como en cualquier tema de discusión, hay opiniones a favor y opiniones en contra, agravantes y atenuantes, defensores y atacantes, pero lo que observamos, no tiene mayor defensa. Somos un país con una educación deficiente, y aunque los que realizan esta actividad como su modo profesional de vida, se defienden como gatos boca arriba, los vicios personales, gremiales y pertenecer al sindicato más grande, por su membresía, han contribuido a esta debacle educativa. 

Es frecuente escuchar o saber, de la venta de plazas, de que son heredadas a hijos sin vocación y mucho menos preparación para tan delicada labor, de que van escalando por favores o preferencias sexuales, por afinidad con determinado grupo, etcétera. Y pocos, muy pocos casos, son por mérito académico. 

Todos, absolutamente todos, en menor o mayor medida, hemos tenido un profesor impartiéndonos clase y tal parece que la filosofía de estos es la de mirarlos como una autoridad omnipotente al que siempre se debe obedecer. No se enseña al estudiante a ser honrado, limpio, cortés o responsable por el valor que en sí mismo posee cada uno de estos atributos, sino porque la autoridad así lo ordena. Se trata de una tergiversación desafortunada. No se cuenta con una pedagogía preocupada porque los alumnos hagan suyo el valor de las normas. Es creencia generalizada entre los profesores que basta con asegurar el respeto hacia la figura de autoridad para que, en automático, el estudiante se comporte conforme a las reglas de la institución educativa. 

Sin embargo, colocar todo el esfuerzo pedagógico en robustecer la figura de la autoridad no lleva a la construcción de mejores subjetividades. Reproduce, en todo caso, la cultura del autoritarismo, pero no hace mejores individuos. Y esto es así porque –al dejar de lado la argumentación que hace consistentes dentro de la conciencia de la persona lo moralmente aceptable y su opuesto— el orden social pende exclusivamente del carácter de quien está al mando. 

Cuando no es la norma interiorizado lo que se coloca como la tabla de medición de los actos, sino la persona investida de autoridad, el alumno tiende a acomodar su comportamiento a partir de los afectos y voluntarismos del profesor. El estudiante se conforma con agradar y negociar con la figura que en el salón de clases representa a la jerarquía más alta. En la escuela mexicana es el docente quien conduce, expone e indica. La solidez o laxitud de las normas depende del profesor, él es la medida de la autoridad, no las reglas. Este hecho potencia, a su vez, un nivel importante de inconsistencia en el cumplimiento de las normas, y deja al descubierto que la presencia de las reglas no es estable ni previsible; a veces están pero en otras ocasiones parecen diluirse. Todo depende del estado de ánimo, del carácter o de las simpatías de la persona que se sienta detrás del escritorio. 

Tampoco se promueve en el alumno el arte de reflexionar por sí mismo. Para ser considerado un buen estudiante, el niño está obligado a callar, atender, seguir las indicaciones, hacer fila, creer ciegamente en lo que dice y hace el profesor, y no moverse demasiado. En cambio, la reflexión –prerrequisito indispensable para asumir la responsabilidad sobre los actos propios— ocupa un lugar menor. Las cosas están bien o mal dependiendo de lo que diga el maestro y no de su coincidencia con los valores enseñados. Con esta pedagogía no se construyen sujetos autónomos –con juicio independiente y capacidades propias de discernimiento— sino personalidades sumisas y obedientes. No se construyen ciudadanos, sino otra cosa. 

Aquel que se exprese de manera distinta –el que por su inteligencia o sus carencias no quepa en el molde educativo hegemónico— es tratado con distancia. Una de las más graves consecuencias de poseer un orden social sustentado en el poder de la autoridad, y no en los valores y las normas, es que el diferente queda marginado. Se convierte en alguien que no podrá ser atendido por el docente a partir de su especificidad. Por lo que la discriminación y la intolerancia subsistan también como antivalores en la educación pública mexicana. 

En clases, siempre introducen explicaciones que no son diferentes a su propio ejemplo de vida. En su explicación, el profesor además refuerza una visión irreflexiva, incluso machista, en ocasiones, que sólo puede sostenerse porque él es una figura indisputable de autoridad. Sin que ningún estudiante cometa la imprudencia de contradecirlo, aunque esté equivocado. No existe disenso del alumno que pueda ser tolerado, ni el derecho a la reflexión propia. Lo que vale en el medio escolar es ganarse –por medio de la obediencia— el aprecio del profesor. Asegurarse, a través de la sumisión, una buena calificación al final del curso, para que los padres se sientan orgullosos, grave error. Actuar de manera diferente podría implicar, en el caso extremo, un consejo hacia los padres de familia para que agarren a sus hijos a palos o a cintarazos (como en antaño), o enviarlos a tratamiento sicológico (en la actualidad), porque retar al docente, equivale a un desequilibrio mental. 

En el sistema educativo mexicano no se enseña a adquirir autonomía. No son autónomos los alumnos frente a su profesor, no lo son tampoco ellos frente a sus dirigentes sindicales o ante las autoridades educativas. Menos aún lo es el sindicato nacional del magisterio con respecto a las arbitrariedades del Estado. Ni tampoco es autónomo el Estado mexicano ante las arbitrariedades de esa fuerza gremial. La estructura corporativa en la cual se fundó el sistema de educación pública mexicana buscaba un objetivo contrario: se constituyó a partir de la dependencia asimétrica y jerárquica de cada uno de sus componentes, y no desde una relación respetuosa y recíproca entre actores reflexivos, responsables y autónomos. 

¿Cómo sería posible que los profesores enseñarán a sus alumnos el valor de la autonomía, si ellos mismos están atrapados en un sistema de mafiosas dependencias? Mientras sigan las cosas así, la educación mexicana seguirá estancada y el país continuará atrasado cultural, social, política y económicamente.        

miércoles, 1 de abril de 2026

Así de simple, así de sencillo...

 


Dudas y desconcierto. 

Quizás mis entregas recientes, han causado dudas y desconcierto, en los lectores, entre otras emociones, porque son temas que no cualquiera se atreve a tocar, porque tienen miedo al rechazo generalizado de las mujeres (aunque no todas), y de muchos hombres que carecen del valor para aceptar que su vida en pareja es un desgarriate, que los tienen dominados sus esposas, parejas, amantes, novias o como les quieran llamar a la mujer que comparte gran tiempo de su existencia con ellos. Así es amable lector, esos hombres que defienden el actuar diario de las mujeres, son los que, están más dominados por ellas, porque carecen del mínimo razonamiento para darse cuenta de que las cosas, en este país, son así. Y de que las pésimas decisiones en la pareja afectan hasta la economía nacional. 

Eso se puede notar en su vida diaria, familias disfuncionales, hijos con demasiados problemas mentales, alejamiento y distancia entre la pareja, y tantas conductas que, si se observan detalladamente, aplicando la lógica, se pueden comprobar que es así. Nadie quiere que los demás sepan, o noten, que tienen problemas, vivimos en un país de apariencias, donde la mayoría, quiere fingir que vive una vida color de rosa, aunque la realidad, sea demasiado gris, llegando a oscura. 

Como he señalado en anteriores entregas, el hombre madura más tarde que las mujeres, por lo que mientras eso sucede, que es tan común en el país, que ya se esté casado, juntado o en amasiato, porque en términos generales se habla de alrededor de los veintiocho años, cuando se alcanza la madurez masculina, pero que cuando se abusa del alcohol y las drogas, se detiene, algo que también es tan frecuente en cualquier rincón de México. Factor importante que también influye en las malas decisiones personales y en pareja que se toman o dejan que se tomen. En cambio, las mujeres, alrededor de los veintidós años, la alcanza, salvo el caso señalado. Que desafortunadamente, las nuevas generaciones se están quedando sin obtenerla, por abusar de sustancias prohibidas a menor edad. Diría nuestro paisano, MAS el Buki, ¿Adónde vamos a parar? 

La convivencia diaria, es algo tan complicado, tan difícil y no lo es en si mismo, sino por la cantidad de malas decisiones, sin analizar, que se toman, y peor aún, resulta la vida en pareja, bajo el adjetivo que sea (matrimonio, unión libre, concubinato, noviazgo con derechos, etc.), porque como dije antes, el hombre no ha alcanzado la madurez, hablando de un hombre con crecimiento mental normal, cuando ya tiene pareja e incluso hasta puede tener hijos (antes de los 28 años), además de que la naturaleza masculina es distinta a la femenina, el hombre evita lo más posible la confrontación con la pareja, porque recuerda a su madre, y aunque vagamente, algo aprendió de ella. También de las omisiones se aprende. Por esta simple y sencilla razón, mayoritariamente, el hombre, evita peleas y discusiones inútiles que las mujeres inician de manera frecuente. Escudándose en sus gustos naturales, el deporte, los amigos, la televisión, la música, la comida, otros, lamentablemente, en la bebida y sustancias más dañinas. Provocando y propiciando que las mujeres tomen la iniciativa en las decisiones de la pareja, lo que por ende, resulta, mala idea, porque entre más lo hacen, menos probabilidades existen de que dejen de hacerlo, al contrario, las mujeres se van empoderando (palabreja que está de moda) en la pareja, creyendo, en su mentalidad dudosa, que tienen la razón. por lo que una vez que el hombre ha madurado, que ya analiza con cierto detenimiento las acciones diarias, muchas sin importancia, pero otras con demasiada, e intenta decidir e incidir en la pareja, es donde comienzan los problemas más fuertes. Porque la mujer, no espera esa reacción del hombre, como he señalado en anteriores comentarios, quiere seguir teniendo a un pelele como pareja, que a todo le diga que sí, que le permita hacer y decir de todo, muchas veces, hasta engañarlo sexualmente, lo sepa y la perdone, porque las mujeres tienen esa contradicción en su mentalidad, quieren tener en su vida un hombre que las domine, que las mande, pero al mismo tiempo, quieren tener un esclavo. Esta es la causa, por la que los sujetos adictos, desobligados e incluso golpeadores, tienen mujeres en su vida. En ocasiones hasta más de una. Por esta dualidad mental femenina, algo que el hombre común, no alcanza a entender, aunque se le diga, lo lea o lo viva diariamente.  

Se dice, y se dice bien, que es difícil entender a una mujer, en general, pero también es por falta de interés del hombre, porque mayoritariamente, está acostumbrado a dejar de preocuparse por los problemas, lo hace por comodidad personal, muchos, nunca contradicen a su mujer, hasta que muera alguno de los dos, pero no quiere decir, que su vida haya sido un ejemplo para los demás, salvo honrosas excepciones, lo bueno o malo, se observa en la forma de vida, en como salen los hijos, cuando los tienen, en como son hacia afuera, no lo que ellos digan. Eso es simple verborrea y apariencia. Unos hijos viciosos, hij@s solteras con hijos, etcétera, son resultado de una familia disfuncional, donde la mujer siempre dijo la última palabra. Tenlo en cuenta, inteligente lector. 

Como escribí antes, en una pareja, donde el hombre ya despertó de su letargo emocional, los problemas cotidianos se tornan más complicados y con resultado incierto, porque ambos tienen sus ideas y argumentos a favor o en contra de X o Y situación, y como he dicho en otras ocasiones, la mujer, jamás está dispuesta a perder ninguna discusión, y puede haber un round, dos, tres o más, durante los siguientes días y semanas, sobre el mismo tema, lo que para el hombre resulta tedioso, cansado y molesto, porque la huelga de pierna cruzada que es la clásica forma de manipularnos opera con visos de inclinar el resultado, pero un hombre convencido de que no puede ser obligado a hacer o permitir lo que sabe que es incorrecto, no le importa tampoco eso, lo que propicia que también haya infidelidades, aunque contrario a la mujer, el hombre no mezcla sentimientos, solo da rienda suelta a sus deseos reprimidos con otra mujer, de esas que abundan en cualquier cuadra, y que en la actualidad, se incrementan con el llamado pago por evento, sin compromisos ni exclusividades. Pero para hacerlo, se necesita fortaleza y madurez del hombre, porque antes de hacerlo o después, se tienen remordimientos, algo que las mujeres, de forma sincera, pocas, muy pocas veces llegan a tener. Por naturaleza humana, el hombre es más noble que la mujer, busca evitar la mayor parte del tiempo los problemas con ellas, muchos de ellos, se desquitan con otros en la calle, por cualquier insignificancia. En ocasiones con resultados irremediables. Precisamente, porque en este país, la mayoría somos criados por una mujer, sea la madre, abuela, tía, hermana o madrastra y no nos preparan para la real convivencia con una mujer. Además de las causas naturales de la madurez varonil, lo que propicia que la mayoría, permita ser dominado por la mujer con la que comparte su vida. Por lo que nuevamente, te pido, despierta hombre, no se necesita agredirla, simple y sencillamente, se deben poner límites a las arbitrarias decisiones de la mujer, debiéndose tomar en cuenta la opinión del hombre, porque, por algo se está dentro de una pareja, y las cosas se deben tomar en consenso y que ambos estén de acuerdo, sobretodo, aquellas que involucren a los hijos, el patrimonio y los bienes propios y de pareja. Te aseguro, que, de inicio, te sentirás mal, porque la verás actuar como un toro de lidia, pero al paso de los días, ambos lo agradecerán, porque la mujer, sentirá nuevamente cariño o más aprecio por ti, porque introdujiste, algo que le hacia falta, recuerda que el amor, se va terminando y lo que hay es simplemente costumbre. Hasta la llama de la pasión se reavivará. ¡Ánimo!