lunes, 17 de noviembre de 2025

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La historia de Giselle…

Lic. Alfredo Castañeda Flores    ANALISTA

14 nov. 2025.-Nuestra protagonista tiene actualmente los veinticinco años cumplidos, pero ya con tres hijos. Esta es su historia. Hija única de una pareja disfuncional, de esas que hay tantas en México, sus padres durante su procreación, vivieron unos años juntos y después cada uno por su lado, afectando a otros durante su diario vivir y convivir. Sobre todo el padre, porque tiene otros hijos con otras mujeres.

Apenas y concluyó la secundaria, pero de esas estudiantes que están de media tabla hacia abajo, es decir de las que solo asistían por obligación y/o necesidad, pero que no aprendió nada. A su edad, no sabe lo básico y mínimo para sobrevivir laboralmente. Siendo menor de edad, se embarazó de su hijo mayor, actualmente de nueve años. Ni siquiera se fue a vivir con el padre, sino que sin salir de su casa hizo abuela y bisabuela a las mujeres con las que vive. Un matriarcado en casa.

Eso no la detuvo, comenzó a trabajar en lo que podía, que, debido a su casi nula preparación básica, donde más duraba era limpiando negocios o casas particulares, para eso funcionaba mejor. Pero también seguía teniendo novios, aunque ya no se embarazaba tan frecuente. Hasta que conoció a cierto joven, de oficio albañil, igual que ella sin gran preparación para la vida, se fueron a vivir juntos, pero el hijo mayor de lo quedó su madre, ella se encargaba de mantenerlo, vestirlo y calzarlo, vaya, por lo menos la señora hizo algo importante. Evitó que su nieto se fuera a sufrir y a rodar de aquí para allá, como diría José José.

Ella creyendo que era tiempo y exacto, se embarazó de su nuevo gran amor, ajá, como es normal, continuaron viviendo juntos, lo registró el padre, hasta que justo al cumplir los cuatro años de edad, nació otro hijo, que salió rubio y éste de inmediato, lo desconoció y no solo eso, sino que desde los pocos días de vivir juntos, hubo violencia, verbal y física de él hacia ella, y esta no fue la excepción, pese a tener horas de haber dado a luz, la golpeó, gritándole que no era suyo, corriéndola de la casa arrendada en la que vivían, pero ella, no hizo caso y continuó quedándose ahí, pero cada vez los golpes se daban más frecuente, hasta que cuando el pequeño tenía cuatro meses, ya no resistió más, porque las golpizas eran más graves cada vez. De inmediato se regresó a la casa de su abuela.

Ahora, tiene que trabajar para mantener a sus dos menores hijos, porque su madre sigue haciéndose cargo total del mayor, esa es una ventaja para ambos (hijo y Giselle), la mamá trabaja en una tienda mediana de autoservicio, el salario le alcanza para ella y su nieto, que legalmente es su hijo, porque tiene los apellidos de nuestra amiga. Además de que también tiene sus amigos con derechos que le dan placer físico y económico, así que se puede observar que le va bien. Eso le hubiera enseñado a su hija, a manipular a los hombres, no que la dejó a la deriva y ahora la regaña e insulta por tener tres hijos, abandonados por sus padres económicamente hablando y apenas contar con veinticinco años. Así son las historias sin éxito en este país de pobreza y mediocridad. Primero se ahoga el niño y después se tapa el pozo.

La mamá, pese a ser de la medianía hacia abajo, se siente de clase alta, pobre, basta verla y saber que no tiene ni casa propia, ya que vive con su madre, pero se expresa de los demás como ella, de forma despectiva, así como hay tantos individuos que viven de las apariencias en un país de pobreza, mental y económica. Y hace lo mismo nuestra protagonista. Vaya incongruencia de gente.

Como dije antes, no tiene las bases suficientes para garantizar una mano de obra importante, por lo que seguido tiene que cambiar de empleo, debido a su corta iniciativa y escasa capacidad mental, que hace perder a los negocios en los que le dan oportunidad de prestar sus servicios y obtener un salario para vivir, en lugar de ganar, como debe ser la finalidad de un negocio o empresa. La mamá sabedora de la pata que cojea su hija, no la ha recomendado en su lugar de trabajo, y eso que seguido hay vacantes. No se quiere “quemar”, como se dice coloquialmente, pero eso sí, la insulta y humilla, cada vez que pierde un empleo. No se vale.

El sentir de Giselle hacia “todos” los hombres, es de que somos malos y adjetivos peores, porque, ninguno, se atreve a aceptarla a ella, con sus tres hijos, además de quererlos y mantenerlos. Eso lo hubiera pensado antes de embarazarse antes. Ya los hombres estamos despertando y no permitimos más abusos de mujeres sin valía, que solo buscan que otros mantengan los hijos que los padres dejaron abandonados, además de que esas mujeres se ponen exigentes y no quieren cualquier manutención, quieren buena comida, ropa de marca y escuelas particulares, cuando el que va a solventar esos gastos, no los trajo al mundo. Aparte de que la mayoría, físicamente no atraen a las multitudes, porque carecen de presencia, buen carácter y belleza de cara y/o cuerpo, como es el caso, son seres maleados por las circunstancias de la vida, que solo están buscando por un lado venganza en contra de los demás hombres, por lo que vivieron en el pasado y aprovecharse al máximo obteniendo los mayores beneficios económicos mientras vivan con alguien. Grave error que la mayoría de mujeres con hijos cometen, porque deben buscar la mayor permanencia con un hombre que no es el padre de ellos, portándose bien, atendiéndolo en lo básico, es tan fácil mantener contento a un hombre, pero ellas, pareciera que buscan lo contrario y por lo mismo, son relaciones que duran poco tiempo. Y a seguir buscando, el resto de sus vidas.

Hay acciones gubernamentales que pretenden empoderar a las mujeres, pero como todo en este país, las hacen y entienden mal, que, en lugar de beneficiarlas, las forma en la fila de las mujeres con pasado promiscuo, llenas de bendiciones, que más que eso, es peyorativo decirlo, con pasado tormentoso, que, en lugar de acercarse, aleja a los hombres. Pero qué se puede esperar en un país cada vez más hundido en la pobreza, la ignorancia y la mediocridad. Seguir creciendo de manera irracional poblacionalmente, limitándose aún más las herramientas para vivir mejor. ¡Ups!

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