Siempre vivirás, Mantequita…
18 enero 2026.-Naciste un 15 de abril de 2012, como consuelo a la estocada política que recibí en esos días, llegaste a mi vida.
Desde el inicio, al ser recibida por mi hija, formaste parte de mi familia, como mi nieta y así siempre te traté, hasta apellido tenías. Eras una Schnauzer, raza pequeña, pura, pero tu corazón era enorme, ahí cupimos los cuatro, nos quisiste desde que llegaste, siempre atenta para defendernos cuando alguien extraño se nos acercaba, te parabas enfrente de uno y no dejabas de ladrar. De extraordinario oído, desde antes de que alguien tocara la puerta de la casa, ya estabas lista avisándonos con tus ladridos. Aunque también por lo mismo, sufrías desde antes con los juegos pirotécnicos. Comenzabas a temblar, aun antes de que se comenzaran a escuchar. Tus orejas eran tan flexibles que las movías a tu antojo, las parabas, las acostabas, mantenías una levantada y otra no, era un maravilloso espectáculo ver como lo hacías. Pese a tu talla, tenías unas patas potentes, cuando te llevaba conmigo a correr y hacer ejercicio al aire libre, en un campo apropiado, recorrías la misma distancia que yo, te dejaba libre, pero preferías ir detrás mío para no dejarme solo. Siempre protectora.
Además, cuando te paseaba por la calle, detectabas las buenas y malas vibras de la gente, porque no a todos les ladrabas, solo a los que percibías que su alma no era pura como la tuya, mi pequeña. Jamás mordiste a nadie, solo nos mostrabas en quién podíamos confiar y en quiénes no. Y no te equivocabas. Ahora entiendo más, porque las policías del mundo adiestran caninos para conservar la seguridad. Son demasiado acertados. Más que los humanos. Además, no se corrompen. Y no conocen de influencias.
Estando conmigo te me acercabas para pedirme alimento o para pedirme caricias, yo te cargaba y te abrazaba, tú te dormías en mis brazos, en señal de que te sentías segura en mis brazos. Te gustaba sentir mi calor humano. A mí el tuyo. Y así era, porque te quise mucho, te quiero mucho y va a ser tan difícil vivir sin ti, después de todo lo vivido juntos.
Desde un inicio, supe que el Universo me había mandado un ángel para cuidarme, amarme, protegerme, alegrarme la vida, porque a tu lado todo fue hermoso, innumerables alegrías vividas, hasta las pocas tristezas después las disfrutaba, cuando volvías a estar lista, porque no eras enfermiza, siempre fuiste fuerte y sana, salvo algunas ocasiones, pero saliste adelante.
Nunca falta gente envidiosa que, desde que te vieron, comenzaron con sus estupideces, de que te pasaría X o Y malestar, que no durarías mucho conmigo, que te diera solo de comer esto y lo otro, etcétera, pero no les hice caso, porque sé que solo era maldad. Salvo excepciones.
Fui testigo de tu transformación, los cambios de coloración en tu pelaje, hasta terminar completamente platinada, pero con la luz, brillabas, aparte tenías una aureola de luz que te iluminaba, tu piel era rosada, tus ojos cafés, nunca se te cayó el pelo, lo tenías fuerte como lo eras toda tú, conforme te iba creciendo se te iba ondulando, cuando ya estaba demasiado largo, se te formaban rastas y se te enredaba, por eso es que les hacen ese corte característico, aunque a mí me gustaba más verte cubierta de pelo, pachoncita, aguantaba lo más posible antes de llevarte a la estética, no había salida donde dejaran de chulearte, te decía y nos decía la gente, que hermosa, que preciosa está, lo felicito, cuídela mucho y mentira no era.
Eras muy noble. Cariñosa, amorosa, inteligente desde pequeña, salías al patio a hacer del baño, jamás lo hiciste dentro de la casa, salvo alguna vez que te dejamos encerrada y ya no lo volvimos a hacer, te dejábamos la puerta abierta y tu siempre limpia, lo hacías allá. Lo mismo cuando viajabas con nosotros, las horas de carretera que fueran te aguantabas, no ensuciaste el automóvil. Eras viajera frecuente, conociste varios estados, lugares y ciudades. Te encantaba nadar, por lo que te llevaba al mar, a los ríos y te sentías en tu hábitat, te dejaba sola, libre, pero siempre supervisándote, porque jamás dejé que te pasara nada malo. Siempre a tu pendiente. Recíproco contigo. Tu ultima nadada fue el pasado 25 de diciembre en la playa. Estabas feliz y te llenaste de energía. Quién lo diría.
Debido a una cirugía necesaria en el 2020 para extirparte la matriz, al veterinario se le pasó la dosis de anestesia y quedaste con secuelas, te daban ataques como de epilepsia, al principio eran cada semana y te duraban 24 horas, en ese tiempo te ocurrían cada una o dos horas, era horrible verte como estabas tirada en el piso, moviéndote por eso, y sin poder hacer nada, te trataron, te diagnosticaron de por vida medicamente de humano para eso, y poco a poco se fueron espaciando los tiempos de que te pasara, en la actualidad, ya era cada ocho meses y solo eran uno o dos, no más de diez como al principio. Como dije antes, eras tan fuerte, porque no cualquiera aguanta cinco años de ataques frecuentes, que te dejaban débil y seguramente con secuelas internas, en tu mente, cuerpo y pequeño pero maravilloso corazón. Ningún humano lo soportaría. Ahí sufría junto contigo.
Como dije, eras noble, no perseguías a los pollos, gallinas, ni a los gatos que veías, eso sí, alguna ocasión mataste a un ratón que merodeaba la casa, siempre protectora y al pendiente, tampoco te subías a los sillones de la sala, ni a la cama, fuiste respetuosa, dormías en mi cuarto, pero en tu propia cama, como siempre fuiste muy friolenta, en época invernal, te ponía tu abrigo y por las noches te cubría con una cobija, y cuando hacía demasiado frío, así amanecías, sin moverte, para no destaparte. Así podría llenar el espacio de anécdotas y aventuras vividas juntos y en familia, pero…
El día primero fuimos a visitar a mi cuñada, porque su esposo cumple años ese día, y pensando que estarían solos, porque su hijo recién había fallecido el 9 de diciembre, ahí como ellos fueron los que te mandaron conmigo, te sentías en casa, la recorriste de arriba abajo, te comiste el alimento de la mascota que tienen, por la tarde, le hicieron una carne asada al festejado, hubo cerca de treinta invitados, quizás te dieron carne, algún hueso, porque te dejamos moverte sola y no checamos eso, porque a raíz de que comenzaron los ataques, se te prohibió comer todos los alimentos, debías comer solo tus croquetas especiales y agua simple, porque cuando ya veníamos de regreso, venías inquieta, nos detuvimos en el camino para que fueras al baño, y sí, hiciste de los dos, pero aun así, después te replegabas a nosotros, como si tuvieras comezón.
Llegamos a la casa, cenaste, tomaste agua, te dormiste, pero al día siguiente, levantándote vomitaste, no le dimos mayor importancia, porque seguiste como siempre, pero después ya no comías, solo tomabas agua en exceso, te llevé al veterinario, me dio medicamento porque según él y su mediocridad, tenías indigestión, por exceso de comida, que era normal que solo tomara agua y no alimento. El día 5 murió repentinamente mi cuñada y mi nieta seguía de mal en peor, porque dejaste de tomar agua, te llevé con otro veterinario, aparentemente te recuperaste unos días, pero recaíste y te comenzó a oler demasiado el aliento, mi hija (tu mamá) te llevó con una veterinaria, le dijo que tenías una infección en las encías y que te había llegado a la lengua, por eso ya no soportabas beber agua.
Te comenzamos a dar alimento molido con cuchara y agua con jeringa, te recuperaste muy poco, te sentías débil y se te asomaban los huesos, ya no eras la de antes, sin embargo te resistías a lo peor, fuimos al novenario de mi cuñada, te dejé al cuidado de mi hija, pero me imagino que no te atendió debidamente, porque cuando regresamos el viernes por la noche, ya estabas igual que antes de la ultima receta, te di agua, pero la vomitaste, ya no intenté darte nada más, confiando que si descansabas al día siguiente amanecerías mejor, como otras ocasiones, pero minutos antes de las cinco de la mañana del sábado 17 de enero, te escuché como una especie de tosida, desperté, vomitaste hiciste un sonido parecido a un suspiro y te fuiste, intenté reanimarte, pero ya estabas trascendiendo, y lo que nunca hiciste viva, lo hiciste en ese momento, te orinaste en tu camita.
Fue el momento más duro que he vivido hasta el día de hoy, no me esperaba tan pronto tu partida. Yo no creo en lo que la mayoría comenta, pero ya empiezo a dudar que mi cuñada te llevó, porque también te quería mucho, y es una cadena de tres, eso espero, porque su hijo se la llevó a ella y ella te llevó a ti, aunque también presiento que tÚ fuiste el escudo protector para que a ninguno de los cuatro nos ocurriera algo. En fin, son especulaciones, y aunque hoy mi dolor es muy grande, me quedo tranquilo porque siempre te amé, te di lo mejor, porque desde pequeña no comías cualquier croqueta, siempre fueran de las especiales y de buen precio, pero jamás escatimé en gastos contigo, porque compensaba tu amor hacia nosotros, no te querías ir, porque aguantaste dieciséis días, sin comer, sintiéndote mal, pero los imbéciles veterinarios (tres) no atinaron a lo que te pasaba. Así son, se van al Tin Marín, no por conocimiento, son unos mercenarios de la salud animal.
Mis hijos decidieron que se te cremara, para tenerte siempre con nosotros en tu casa, que fue más tuya que nuestra, porque viviste en ella más tiempo que nosotros, nosotros salíamos a trabajar y a estudiar y tu permanecías ahí. Te quiero mucho Mantequita, mi enorme y amorosa nieta, siempre seguirás protegiéndonos, jamás te olvidaremos, en especial yo. No sé cuántas lágrimas he derramado por ti, porque de verdad te quise y te quiero mucho y tú siempre lo sentiste, lo supiste, lo viviste. Hasta hoy pude escribir, no lo soportaba hacer ayer.
¡Descansa en paz, Mantequita Castañeda!
Lic. Alfredo Castañeda Flores.
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